El sentido de la muerte

¿Es posible darle sentido a la muerte?

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Toda muerte bien sea natural o súbita, no deja de ser un acontecimiento inesperado, una anomalía imprevisible. El discutir o hablar de la muerte en la actualidad implica abordar un tema tabú para nuestra sociedad, bien sea en el ámbito filosófico, antropológico o religioso.


 Este problema o esta pregunta surge de algo que esta muy presente en la vida humana, porque la preocupación por la muerte es un tema de investigación tan viejo como la preocupación por la vida. Por tanto, implica abordar de un acontecimiento universal e irrecusable por excelencia, ya que, si bien sea cual sea la edad en la que nos encontremos frente a la muerte es un hecho seguro que sucederá.

La muerte podría interpretarse como la culminación de la vida, pero no es así. Con la muerte el ser humano no llega a la madurez. Puesto que, la actitud que ha tomado el hombre respecto al enfrentamiento ante la muerte, ha sido, en una conducta de evasión, de rechazo, aunque ella se presente como un hecho social y, sin embargo, “el hombre conserva la esperanza de escapar a la muerte un día más, quiere aplazarla, llevando su esperanza hasta el límite, hacia el lejano horizonte” (Arellano, 2006).

La conciencia de la muerte introduce, entre el animal y el hombre, una ruptura más profunda que la capacidad del segundo para fabricar utensilios, comunicarse y razonar. Puesto que “quizá el hombre se convirtió en hombre desde el momento en que empezó a enterrar los cadáveres de sus congéneres, inventó el ritual funerario y elaboró las creencias en la supervivencia o en la resurrección en el más allá de los fallecidos para dar sentido al acontecimiento de la muerte” (Málishev, 2002).
Sin embargo, cabe resaltar que, para darle sentido a la muerte, hay que partir de dar sentido a la vida, puesto que, la vida es el arte de administrar la muerte, por tanto, alejar su llegada inminente es prolongar dar respuesta a la existencia del ser humano. Por otra parte, “la vida del hombre adquiere individualidad singular al ser consciente de su muerte; esta idea lo acompaña desde la niñez hasta su última hora” (Málishev, 2002) y es virtud de la muerte que mi existencia es verdaderamente mía.

La muerte desde el punto de vista de los filósofos


Si bien, la filosofía nos prepara para la muerte debido a que nos hace más conscientes acerca de nuestra propia vida, teniendo conciencia acerca de los límites puede ser un punto de partida para la búsqueda de la verdad y el bien. Sin embargo, una historia de las ideas acerca de la muerte supone, un detallado análisis de las diversas concepciones del mundo y, por tanto, el problema de la muerte se convierte en un problema filosófico.

Por tanto, es posible encontrar distintos planteamientos filosóficos como, por ejemplo:
Epicuro que menciona que “La muerte no es nada para nosotros, porque mientras vivimos, no existe la muerte, y cuando la muerte existe, ya no somos” (Espinoza, 2007). Es decir, nos otorga una especie de solución evasiva en donde la muerte si bien merece un espacio para pensarse, tiene un sentido poco práctico.

Para Sócrates “Temer a la muerte no es otra cosa que creer ser sabio sin serlo, pues es creer saber lo que no se sabe” (Espinoza, 2007). Es decir, posiblemente la muerte sea la mayor bendición del ser humano, nadie lo sabe, y sin embargo todo el mundo le teme como si supiera con absoluta certeza que es el peor de los males.

Platón decía que “la filosofía es una meditación de la muerte, pero ésta ha sido entendida en sentido de la muerte humana porque sólo en el ser humano la muerte tiene significado. Es decir, sólo el ser humano es consciente de su condición mortal, de ahí que le sea inevitable e indispensable pensar sobre la muerte. Ahora bien, la muerte así concebida, es personal e intransferible, pero aceptar resignadamente su naturaleza ineluctable no es suficiente, sino que es necesario dotarle de un sentido o domesticarla” (Santana, 2010).

Para Aristóteles “se trata de saber cómo vivir una vida a sabiendas temporal, pero con sentido” (Espinoza, 2007), es decir, vivir consientes, vivir dándole sentido a todo lo que realizamos.

San Agustín en su libro de las Confesiones, postula claramente los presupuestos teológicos y la reflexión metafísica en torno al tiempo y ser del hombre, quien vive a la deriva ontológica, rodeado de la multiplicidad, el tiempo y la pérdida constante de su ser, hasta el momento de su muerte (Espinoza, 2007).

Para Heidegger la muerte es un fenómeno de la vida. La muerte, en tanto es una posibilidad para el dasein, para el ser del hombre que está arrojado en el mundo, representa la única posibilidad que niega a todas las demás posibilidades, y tiene una carga de inevitabilidad pues es insuperable. El comprender a la muerte como una posibilidad le da sentido a nuestra vida, pues nos hace descubrir el valor de ésta en nosotros.

En Sartre, la conciencia de la muerte nos lleva a pensar sobre nuestro modo de estar en el mundo, lo que hacemos con nuestra vida, puesto que “cada hombre es lo que hace con lo que hicieron con él”.

Para Levinas “la muerte, en lugar de dejarse definir por su propio acontecimiento nos afecta por su sinsentido” (Espinoza, 2007). En otras palabras, la muerte, cuando a uno le acontece, es incomunicable e impensable, pero en su otredad, en la muerte del otro, si nos da en qué pensar.

Wittgenstein afirma en su Tractatus que “la muerte no es un acontecimiento en la vida, no vivimos para experimentar la muerte” (Castillo, 2008) por tanto, es la terminación del mundo. Sin embargo, el mundo no termina desde el punto de vista religioso, pero sí desde nuestro punto de vista como espectadores, es decir, termina en nuestro mundo.

Cicerón y Schopenhauer, siguiendo los argumentos de Platón, “establecieron una peculiar relación entre muerte y filosofía al entender que la filosofía es una preparación para la muerte. Porque una misión de la filosofía es contribuir a que los seres humanos vivamos de forma plena nuestra existencia, de modo que cuanto más plenamente vivamos, más humanamente afrontaremos nuestra muerte” (Santana, 2010).

Conclusión

No cabe duda de que el hombre, muere no sólo individualmente y socialmente, sino que también muere históricamente, es decir, lo único que queda son los acontecimientos que pudieron generar transcendencia en sus seres cercanos o en la humanidad. Sin embargo, se puede considerar que lograr comprender mejor lo que es el hombre, y entender el papel central de su finalidad o propósito de existencia, podremos tener una mejor comprensión de la muerte.

No obstante, la vida del ser humano está en un proceso incesante de llegar a ser, de darle sentido a su existencia, por lo que la idea sobre la muerte se modifica permanentemente. Y aunque algunos supuestamente se preparan para su encuentro con ella, no se puede evitar la sorpresa pérfida puesto que la muerte es irrepetible e irreverente.

El darle sentido a la muerte, solo dependerá de la percepción que se le quiera dar. Por tanto, la muerte tiene un significado cultural para los que viven la muerte del otro y lo que posiblemente sucede después de ella. Por ejemplo, el cristianismo sostiene que la verdadera felicidad está en el más allá, siempre y cuando se hayan respetado los preceptos religiosos.

Ahora bien, los hinduistas creen en la reencarnación, es decir, que después de la muerte, el alma renace en este mundo, aunque no necesariamente en un cuerpo humano (López, 2013). Mientas que, en algunos filósofos, como ya se había expuesto anteriormente, la muerte puede interpretarse como un descanso, un volver a la nada.

Sin embargo, después de los puntos de vista filosóficos y religiosos surge la interrogante ¿Qué pasaría si el hombre supiera que sigue después de la muerte? Y, por tanto ¿podría tener sentido su existencia?

Referencias

Arellano, F. H. (2006). El significado de la muerte. Revista Digital Universitaria, 2-7.
Arregui, J. V. (1991). ¿Es la muerte un acontecimiento de la vida? Themáta, 141-160.
Castillo, M. (2008). La muerte: Su sentido y significado. Santiago de Chile.
Espinoza, P. (26 de 11 de 2007). Word Press. Obtenido de Blog de Pavel Espinoza: https://pavelespinoza.wordpress.com/2007/11/26/la-muerte-en-la-filosofia/
López, M. (2 de 08 de 2013). Wordpress. Obtenido de 4 Grandes verdades: https://4grandesverdades.wordpress.com/2013/08/02/la-muerte-y-el-budismo/
Málishev, M. (2002). El sentido de la muerte. Ciudad de México.
Mora, F. (1991). Ferrater Mora. Obtenido de http://www.ferratermora.org/ency_concepto_kp_muerte.html
Mounier, E. (1972). El personalismo. Buenos Aires: EUDEBA.
Sánchez, Á. R. (s.f.). Morir en Extremadura. Madrid.
Santana, C. R. (31 de 10 de 2010). HETAIROS. Obtenido de Blogger.com: http://hetairosfilosofia.blogspot.com.co/2010/10/ricardo-luque-el-problema-filosofico-de.html
Tiquet, M. (12 de 09 de 2015). Cultura Colectiva. Obtenido de https://culturacolectiva.com/historia/la-muerte-segun-filosofos

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